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Robert Moses and the Modern city

Robert Moses es, sin duda, uno de los personajes que ha tenido mayor influencia en la configuración contemporánea de NYC. Es difícil imaginar la ciudad sin el Lincoln Center, el Triborough Bridge, el Cross Bronx o la West Side Highway. Pero es, al mismo tiempo, una de las figuras más controvertidas de la historia de la ciudad, en cuya personalidad pública cohabitan el reformador idealista, el servidor público tenaz y el político astuto capaz de utilizar eficientemente los resortes del poder para llegar a ser, finalmente, el más grande master builder de América. En efecto, a lo largo de más de tres décadas, 1930/65, Moses desempeño la dirección, en muchos casos simultánea, de los organismos clave para la reforma de la ciudad desde los que pudo ejercer una influencia mucho más profunda que el concreto encargo administrativo.

La aclamada biografía de Robert Caro: The Power Broker. Robert Moses and the Fall of New York publicada en 1.974, merecedora en su momento del premio Pulitzer pone su mayor acento en perfilar las luces y sombras del personaje, pero lo hace desde la tesis, explícita en el propio título del libro, de que Moses habría precipitado el declive de la ciudad como resultado de sus erróneas prioridades. Para Caro, el master builder casi destruyó la ciudad que estaba intentando salvar.

El presente volumen aborda la controvertida herencia de Moses desde una perspectiva renovadora. En primer lugar, porque lo hace desde la evidencia del actual renacimiento de la ciudad. NYC ha pasado en las últimas décadas de símbolo del declive urbano y financiero a capital internacional de la creación y los negocios. En segundo término, porque se centra no tanto en el personaje como en su obra construida. Los autores, todos ellos profesores de historia urbana, analizan el impacto de estas reformas viarias e infraestructurales en el fortalecimiento de la capacidad atractora de la ciudad central para retener a las clases medias urbanas en un momento en que la tendencia centrífuga a la suburbanización distante era general en las grandes metrópolis americanas. Estrategia simultánea a la relocalización de 200.000 habitantes de inmuebles de alquiler deteriorados en los nuevos proyectos de vivienda pública.

No debe confundirse el interés de Moses hacia la obra pública y los equipamientos colectivos con el aprecio por el diseño innovador. Como ha destacado Christian Zapatka, el progreso significaba para Moses sobre todo operaciones infraestructurales materializadas en el lenguaje de la ingeniería: puentes, autopistas, recuperación de los suelos abandonados y como complemento una arquitectura popular, sólida, sobria y funcional  en línea con las primeras expresiones del Movimiento Moderno en la Europa de entreguerras. Para Moses era la acción y no la reflexión el elemento esencial de su agenda reformista, lo que le lleva a relegar a la emergente profesión de planificador urbano, constituida a su juicio por radicales de pelo largo que pretenden destruir las ciudades al segregar sus funciones, pero sobre todo a criticar la incapacidad del planeamiento convencional  para ejecutar sus proyectos.

Esta visión prometeica y populista de la técnica encontró fuertes resistencias en las burocracias administrativas y en los propietarios del suelo afectados por sus reformas. Pero, paradójicamente, sufrirá  su mayor contradicción y en ultima instancia fracaso, al enfrentarse al vecindario tradicional. La batalla en torno a la defensa de la configuración tradicional del Washington Square, a la que Caro no otorgo un papel suficientemente relevante en su ensayo, está bien documentada en el presente volumen y evidencia, a mi juicio, el decisivo cambio de paradigma en el pensamiento urbanístico producido en la década de los sesenta. En la defensa de Greenwich Village emergió a la escena pública una de las madres del parque, Jane Jacobs, pero también muchos de los ítems que definen todavía hoy el debate urbanístico: la primacía de la diversidad de los distintos barrios como verdadera esencia de la ciudad, la prioridad peatonal y del transporte público sobre el automóvil, la importancia emblemática del espacio público, el valor del paisaje urbano tradicional frente al torres-en-el-parque característico de la renovación urbana y el reconocimiento de la sabiduría de los vecinos frente a la visión tecnocrática  arriba/debajo de los planificadores. La defensa del entorno singular del Village inspiró las páginas de un texto llamado a sacudir las conciencias: Death and Life of Great American Cities, publicado en 1.961 a modo de epílogo de la era de Robert Moses.

Finalmente, el libro aporta, además de estas incisivas reflexiones, un excelente material gráfico y el primer catálogo completo de los proyectos impulsados por Moses, agrupados por afinidad temática (piscinas y playas, parques y jardines, carreteras y puentes y vivienda pública) lo que facilita su valoración como conjunto coherente. En un momento en que los proyectos singulares parecen sustentar de nuevo la agenda sobre la que basar el renacimiento urbano, la referencia a las luces y sobras del NYC de Moses constituye hoy una lección de referencia imprescindible.